Había una vez, en un bosque lejano, un grupo de árboles que miraban todas las noches al cielo y soñaban con ser estrellas. Cada vez que caía la noche, observaban aquellas luces brillantes y deseaban, con todas sus ramas y hojas, poder brillar igual de fuerte y alto en el cielo. Entre todos los árboles, había uno pequeño y delgado llamado Lino, que soñaba con más intensidad que los demás. "¡Si tan solo pudiera brillar como una estrella!", suspiraba cada noche. Los otros árboles se reían de él, pues pensaban que era un sueño imposible. "¡Los árboles no pueden ser estrellas!", le decían. Pero Lino no perdía la esperanza y, noche tras noche, elevaba su deseo a las estrellas. Una noche de invierno, el cielo estaba especialmente despejado, y las estrellas brillaban con una intensidad nunca antes vista. Fue entonces cuando apareció una estrella fugaz, y Lino cerró sus hojas y pidió su deseo con todas sus fuerzas. “Quiero brillar en el cielo y ser tan hermoso como ustedes...
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